Por: Ramiro Velásquez G. Publicado en El Colombiano el 4 de abril de 2009
Si un extranjero hubiera abierto la semana pasada la página web de la Alcaldía de Medellín, en plena Asamblea del BID, hubiera encontrado una invitación a la ciudadanía para apagar luces una hora el sábado para tomar conciencia del cambio climático.
Distintas decisiones administrativas han conducido a que la hora pico en las mañanas comience antes de las seis. Es decir, una hora más de contaminación por encima de los estándares ideales. Estudios de la Facultad Nacional de Salud Pública hace dos años mostraban que el pico coincide con un mayor volumen de contaminantes (hasta 95 microgramos de material particulado sobre 20 que fija la OMS). En ese entonces el pico era más breve.
A las seis la Regional, por ejemplo, parece lo que antes se veía después de las siete.
El pico y placa premia extrañamente los autos a gas, que pueden moverse como Pedro por su casa. El gas contamina, aunque menos. Pero hay otra consideración: se utilice gas, gasolina, ACPM u otro carburante, el carro levanta material particulado de distintos tamaños. Recientes investigaciones aportan datos incontrovertibles de que estas partículas provocan infartos y afecciones cardiacas. Un estudio de esta semana en Environmental Health Perspectives liga la contaminación vehicular con mayor incidencia de artritis reumatoide en residentes cercanos a transitadas avenidas.
El problema en el Aburrá no es sólo la contaminación, aunque es lo más importante. También la falta de espacio para tanto auto. Y más autos detenidos en un obstáculo o un semáforo contaminan más.
Para el metroplús, expertos independientes recomendaban energía eléctrica, por una menor contaminación, pero se optó por el gas por razones nada claras.
Hasta hoy no se ha prohibido que en fábricas y edificaciones se coloquen en la fachada potentes reflectores que enceguecen a peatones y conductores, artefactos de mayor consumo de energía, moda en auge.
Tampoco se actúa para que las bombillas exteriores en toda edificación, canalicen la luz con protectores para reducir el impacto sobre distintas especies animales.
Pese a que el invierno es cada vez más duro, nadie habla en la Administración de adaptación al cambio climático ni lleva el tema a los escenarios públicos y privados.
Quien hubiera abierto esa página, se maravillaría por lo que creería una administración comprometida con el ambiente y la vida en todas sus formas. Pero quien reside acá, sabe que, por lo comentado y más, es un disfraz: el lobo vestido como Caperucita.






loa verdad es que lo delm lobo vestido tiene mucho de razon porque asi es que se encuentra nuestra ciudad una verdadera lastima y el problema es que casi no contribuimos a cambiar esa perspectiva