Por Adonais Jaramillo Cárdenas del Colectivo Ambiental de Antioquia
Que un camión cargado de canecas de cianuro se vuelque, como ocurrió en días pasados, por las estrechas y sinuosas calles del corregimiento de San Antonio de Prado, y que las empresas privadas que operan el relleno El Guacal manifiesten que nada tienen que ver con este material cuando era hacia aquel destino donde se dirigía, habla por sí solo de la ausencia de una autoridad ambiental, que mediante el mecanismo de comando y control, imponga una auditoria a dichos operadores que garantice un mínimo de seguridades a una comunidad a la que se le impuso este tránsito.
Los habitantes de San Antonio de Prado, que soportan esta operación por la mitad de la casa, claman por una vía urgente que evite el atravesamiento por sus calles, aunque de nada serviría una vía alterna si no se vigilan los desechos que se transportan, como en este caso en donde al ocurrir el hecho se escondió el origen y destino de la carga.
Esa carga pirata será siempre una amenaza por donde vaya. Ahora estos desechos peligrosos le han robado el sueño a San Antonio de Prado, que no se repone del susto, desechos que como los hospitalarios, que aún con regímenes legales claros para su manejo aparecen en cualquier parte, convirtiéndose en otro enemigo invisible, aliado con el negocio, que nos asecha a todos.





