POR UNAS CIUDADES VERDES
Por Haydeé Socorro Montoya R.
El trancón de Bulerías a Santa Gema al occidente de Medellín se debe al nudo en la carrera 80, que no está en condiciones de recibir el movimiento vehicular de sus afluentes, y no se solucionará abriendo nuevos carriles en la Avenida 33 destruyendo 9.000 metros2 de las zonas verdes.
Los problemas de congestión en la Avenida Regional al sur de Medellín no se van a resolver construyendo una bahía en el parque de tres kilómetros que existe entre Zúñiga y Monterrey, talando más de 800 árboles y destruyendo cerca de 35.000 metros2 de zonas verdes que hoy son un pulmón que los habitantes del sector han conservado y cuidado durante largo tiempo.
Si diversos sectores de Medellín se han llenado de urbanizaciones, allí se deben crear nuevas centralidades, con todos los servicios, para que sus habitantes tengan todo cerca y reduzcan el uso de automotores que contaminan. Descentralizar es la tarea a emprender en las ciudades.
Hay que construir la variante a la Troncal Occidental de Colombia por la ruta de La Pintada, Bolombolo, Santa Fe de Antioquia y continuarla por el cañón del Cauca hasta Puerto Valdivia, como está diseñada de tiempo atrás, y de esta manera sacarla de su cruce por el Valle de Aburrá, trayecto que además de inconveniente debe subir a Minas y luego a Matasano y después pasar por el páramo de niebla de Ventanas. Sacando esta troncal de su cruce por nuestro valle se descongestionará la Regional, evitando ampliaciones de esta vía con todos los daños ambientales que esto produce.
POR UN NUEVO ORDEN ECOLÓGICO
Las ciudades no resisten más cemento y asfalto. Conservemos los árboles que existen actualmente en los parques y zonas verdes. En ellos ya han creado su hábitat muchas especies necesarias para la estabilidad tanto del hombre como del planeta. Así se siembren más árboles, que se deben sembrar, estos tardarán mínimo otros 20 años para crecer y crear los ecosistemas que los árboles actuales nos brindan.
Que los empresarios piensen que ya ellos tienen la barriga suficientemente llena, y pueden empezar con altruismo a devolverle a la tierra lo que violentamente le han quitado para su lucro.
Y si la intención es generar empleo, o sea dar dinero, que se dedique este dinero a reparar los daños causados al planeta, que se creen nuevos empleos para cuidar árboles, para sembrar lo equivalente a lo que hemos destruido, para recoger y cuidar animales abandonados, educar campesinos e indígenas para que no talen más bosques ni utilicen fauna silvestre, cuidar niños y ancianos abandonados, evitar el maltrato y la crueldad de la modernidad contra cualquiera de las especies con las que debemos vivir en armonía.
Debemos tomar conciencia del consumo y producción limpia; entregarle al planeta residíos sanos y así controlar enfermedades y pestes, como las que, por nuestra culpa, estamos padeciendo. Las barrigas no se deben llenar sin medir consecuencias. Porque resulta más peligroso el remedio.
Los pocos humanos que poseen grandes capitales, y la acumulación de bienes materiales, tienen la obligación de solucionar los problemas que ellos mismos han causado al planeta y al universo, y pagar la deuda pendiente, para evitar sufrir penosamente con la misma soberbia con que han pretendido dominarlo todo, con errados comportamientos, omitiendo alertas.
Estamos en el planeta no para transformarlo, ni destruirlo, ni apropiarnos de sus recursos. El mandato no es entregarlo pavimentado. Estamos en él para disfrutar y respetar sus recursos; para sobrevivir con ellos sin causarles daño.
La casa de los humanos no son los superapartamentos, ni las autopistas, ni los carros, ni aviones, ni trenes. Nuestra casa es el planeta, con sus árboles, ríos montañas y animales. Nuestra convivencia no es con los televisores y demás máquinas y aparatos técnicos, es con las demás especies que también habitan en él.
El planeta no es sólo de los humanos, también es de todas las otras especies que han desarrollado su hábitat en él. Mucho menos es de los politiqueros de turno que arbitrariamente atentan contra el derecho de vivir en ecosistemas sanos.
Los dementes politiqueros no sólo deberán pagar los crímenes de guerra cometidos contra la humanidad, también deberán pagar los crímenes ecológicos que estamos empezando a señalar, tal como lo establece la Ley Sancionatoria Ambiental.
Los Ecologistas cada vez somos más, pero el abuso de la posición dominante de muchos sigue impidiendo detener el deterioro ambiental, provocando con ello permanentes Desastres Naturales, hasta que la inteligencia de la naturaleza al fin dé el golpe merecido.
Para los próximos 50 años 16.000 especies estarán en vía de extinción, entre las que se cuenta el ser humano. Lo anterior a causa del Calentamiento Global, motivado por la industria, los carros, el uso de altas tecnologías, la extracción de los recursos del suelo y la tala de los bosques.
Todos debemos empezar ya a revisar nuestros hábitos de vida, mañana será tarde. Estamos en el límite. No sólo hay que frenar sino que hay que empezar a Poner Reversa.
Consumamos sólo lo estrictamente necesario para vivir; sin basuras tóxicas. Exigir empleo, es decir dinero, parta los que lo requieran para vivir.
Nada de adelante y sin reversa. Atrás y con Reversa al egoísmo, al narcisismo y a las actitudes violentas del lenguaje y de las armas, y a los daños ecológicos.
No sólo los seres humanos tenemos derecho a la vida, todo los seres del planeta y del universo tienen derecho a una digna existencia.
No sólo respetar las diferencias humanas, también respetar las diferencias con las otras especies.
No más animales de carga, de pelea, ni corridas de toros, ni cacerías, ni pesca.
No más deportes que degraden la existencia humana.
No busquemos nuestra salud a expensas de las masacres de otros seres. No más baba de caracol, embriones de pato, aceite de tiburón, pateé de hígado de aves, etc., etc.
La proteína que bondadosamente nos regalan los vegetales es suficiente para el desarrollo humano. No necesitamos torturar animales para consumo.
No más artículos de origen animal. Esto implica un crimen ecológico.
No más hegemonías ni verdades absolutistas.
Antes era verdad que el esclavo y el indio eran animales, y se podían vender, matar, encadenar, enjaular, torturar y hasta comer. Ahora dicen que los animales y las plantas no sufren la crueldad de los humanos con ellos, que los utilicemos y explotemos. No sólo la violencia entre humanos altera el desarrollo material, cultural y espiritual del universo. La sangre derramada de los animales es una pesada carga que impide la democracia y la paz.
Budistas, católicos, krisnas, musulmanes, hebreos, el pensamiento de ustedes es un aporte a la espiritualidad de la vida, sin dogmáticos paradigmas.
Ni arbitrariedades de machos, ni autoritarismos de mujeres.
Ni abusos de posición dominante sobre otros humanos, ni de humanos sobre las demás especies.
Ni humanos secuestrados. Ni animales con cadenas y jaulas. Ni humanos brutalmente explotados. Ni animales cruelmente tratados.
Ni capitalismo, ni marxismo, ni paramilitarismo, ni terrorismo, ni cementismo.
El saqueo de ríos, montañas y la tala de árboles también crea el fenómeno del desplazamiento; por ello las inundaciones y erosiones.
También podemos movilizarnos en bicicleta y solo tener un vehiculo por familia o ninguno.
Ni empoderamiento, ni arrogancia, ni partidismos, ni desarrollismo, ni empresarismo, ni sobreproducción, ni acumulación
La tierra da lo necesario para el diario vivir. No es producir, es trabajar y crear para crecer y fortalecer el cuerpo material y espiritual. Trabajar para vivir, no para vender. Comer para vivir, no vivir comiendo. Usar, no derrochar.
Ni plusvalía, ni desmedidos salarios; es tan indigno el salario mínimo, como no estipular un tope. Son tan indignas las viviendas populares, como las mansiones de opulentos.
No más enfermadoras jornadas laborales y estudiantiles.
No institucionalizar el trabajo, educación y salud.
No más intelectualismo, cientifisismo, tecnicismo.
Limpiar la Memoria. No repetir historias de guerras en libros, televisión, etc.; que la guerra haga parte del oscuro pasado de inmadurez del cerebro humano.
Ni fanatismos materialistas, ni sicópatas idealistas.
Por la sabiduría reflexiva, compasiva y humilde. Por la ética ecológica. Por un sano alimento material y espiritual. Por la convivencia de todas las especies que habitamos el universo.
Respetemos los procesos naturales. El hombre no es rey del universo, es parte de él, no tiene derecho a maltratarlo.
Por ciudades y parques verdes. Por ciudades para los humanos y la fauna silvestre, no para los carros.
Exigimos el Planeta Tierra y el Universo sano y limpio





